“El sábado: un día de libertad”

Lección 3: – Para el 2 de abril de 2019

Sábado 13 de julio

Lee Para el Estudio de esta Semana: Éxodo 16:16-1820:8-11Deuteronomio 5:12-15Mateo 12:9-13Levítico 25:1-7.

Para Memorizar: “También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” (Mar. 2:27).

Dios creó el sábado como el acto final de la semana de la Creación. Se ha dicho que en el séptimo día, Dios no solo descansó, sino también creó el reposo como parte integral del mundo. El sábado era una demostración de la forma en que fuimos creados para interactuar con Dios y con los demás.

Por ende, no es de extrañar que el sábado sea uno de los mandamientos en el plan de Dios para su pueblo, que se muestra al principio del establecimiento de la nueva nación israelita. Este tendría un papel fundamental en la vida de los hebreos.

A menudo, cuando hablamos del sábado, la conversación se traslada rápidamente a cómo guardarlo. “¿Qué cosas no deberíamos hacer?”, y otras por el estilo. Por más importantes que sean estas preguntas, necesitamos comprender el papel integral que el sábado debía desempeñar en el mundo y en la vida del pueblo de Dios como símbolo de la gracia y la provisión de Dios.

Como dijo Jesús, el día de reposo sabático fue creado para toda la humanidad. Cuando verdaderamente nos “ac[ordemos] del día de reposo”, este nos cambiará todos los días de la semana y, como lo demostró Jesús, también puede ser un medio para bendecir a los demás.

Domingo 14 de julio:

Suficiente maná

Después de generaciones de esclavitud y de degradación social que esa condición pudo infligir en su pueblo oprimido, Dios procuró elevar a los israelitas recién liberados, indicándoles una mejor manera de vivir y dándoles leyes para organizar mejor su nueva sociedad. Pero una de las primeras partes de este proceso llegó en forma de una lección práctica e instructiva.

Como este ritmo de vida duró un total de cuarenta años durante su peregrinación por el desierto (evidencia visible de la provisión y el altruismo de Dios), debió haberse convertido en parte de la cultura de la sociedad israelita. Llegó en forma de maná, un alimento que aparecía cada mañana en el suelo alrededor del campamento de los israelitas.

Lee Éxodo 16:16 al 18. ¿Cuál crees que es la importancia de la medida específica para cada persona que se enfatiza en estos versículos?

En 2 Corintios 8:10 al 15, Pablo hace referencia a esta historia como un ejemplo de cómo deben dar los cristianos: “En las circunstancias actuales la abundancia de ustedes suplirá lo que ellos necesitan, para que a su vez la abundancia de ellos supla lo que ustedes necesitan. Así habrá igualdad” (vers. 14, NVI).

La lección para los israelitas, y para nosotros, fue que Dios ha provisto lo suficiente para su pueblo y su creación. Si tomamos solo lo que necesitamos y estamos preparados para compartir lo que nos sobra con los demás, todos serán atendidos y provistos. Tomar solo lo suficiente para el día requería que el pueblo confiara en que habría más al día siguiente. Los oprimidos, como los esclavos israelitas, tienden a enfocarse en su supervivencia, pero Dios quería mostrarles una vida de confianza, generosidad e intercambio.

Pero también había otra dimensión, más notable, de esta práctica. Cada viernes, una doble porción de maná aparecía en el suelo, y ese día, y solo ese día, el pueblo debía recolectar el maná adicional en preparación para el sábado. La disposición especial para el sábado se convirtió en una forma adicional para que aprendan a confiar en el Señor para todas sus necesidades. Esta porción extra de maná, un acto de gracia por parte de Dios, les permitió disfrutar aún más del descanso que Dios les había prometido en el día de reposo sabático.

¿Qué podemos hacer los viernes que nos ayude a disfrutar mejor lo que Dios nos ofrece el sábado?

Lunes 15 de julio:

Dos razones para el sábado

Lee Éxodo 20:8 al 11 y Deuteronomio 5:12 al 15. ¿Cómo se complementan estas dos versiones del cuarto mandamiento?

Recordar es una parte importante de la relación que Dios busca restablecer con su pueblo, una relación centrada en el hecho de que Dios es nuestro Creador y Redentor. Ambos roles aparecen en las dos versiones del cuarto mandamiento y, por lo tanto, están estrechamente vinculados con el sábado y su práctica.

Al salir de una tierra dominada por tantos dioses falsos, los israelitas debían recordar el verdadero papel de Dios como Creador. El sábado fue una forma trascendental de hacer eso, lo que hizo que todo fuera más significativo en el contexto del ciclo semanal de proporcionar maná extra el viernes, un poderoso ejemplo de su poder creador. En la versión de Éxodo 20 del cuarto mandamiento, Dios se revela más claramente como nuestro Creador.

En contraste, su rescate, redención y salvación es el énfasis del cuarto mandamiento en Deuteronomio 5. Era una historia que los israelitas debían volver a contar regularmente. Podían volver a conectarse con ella especialmente cada sábado. Su primera historia era la de un rescate físico real de la esclavitud de Egipto, pero a medida que su comprensión de Dios y su salvación aumentaban, el sábado también se convertiría en un símbolo y una celebración semanal de su salvación espiritual.

Estas dos motivaciones para el día de reposo tenían que ver con restablecer la relación entre Dios y su pueblo: “Y les di también mis días de reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico” (Eze. 20:12). Y, como hemos visto, esto nunca fue solo para este grupo de personas. Sobre la base de esta relación, debían establecer un nuevo tipo de sociedad que fuera amable con los forasteros y una bendición para el mundo en general.

“Por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo” (Deut. 5:15). Al guardar el sábado como una forma de recordar y celebrar nuestra creación y redención, podemos seguir creciendo en nuestra relación, no solo con el Señor sino con los que nos rodean. Dios es misericordioso con nosotros; por lo tanto, tenemos que ser misericordiosos con los demás.

¿De qué manera la observancia del sábado nos hace mejores personas, más bondadosas, más solidarias y compasivas?

Martes 16 de julio:

Un día de igualdad

Una de las cosas obvias de una lectura rápida de los Diez Mandamientos en Éxodo 20 y Deuteronomio 5 es que el cuarto mandamiento es, de lejos, el más detallado. Mientras que algunos de los mandamientos se registran en tan solo tres palabras en algunas versiones (en hebreo y en español, algunos pueden expresarse en solo dos palabras), el cuarto mandamiento da espacio al por qué, al cómo y al quién para recordar el día de reposo.

Lee Éxodo 20:8 al 11. ¿Qué dice sobre los siervos y los extranjeros, y hasta los animales, y qué significa?

Entre estos detalles del sábado es notable el énfasis en los demás. Sigve K. Tonstad sostiene que este tipo de mandamiento es único entre todas las culturas del mundo. El mandamiento del sábado, explica, “prioriza desde abajo hacia arriba y no desde arriba mirando hacia abajo, considerando en primer lugar a los miembros más débiles y vulnerables de la sociedad. Los que más necesitan descansar: el esclavo, el extranjero residente y la bestia de carga, se destacan especialmente. En el descanso del séptimo día, los menos privilegiados, incluso los animales que no pueden hablar, encuentran un aliado” (The Lost Meaning of the Seventh Day [El significado perdido del séptimo día], pp. 126, 127.

El mandamiento se centra especialmente en instar a que el sábado sea un día para que todos lo disfruten. A la luz del sábado, todos somos iguales. Si eres un empleador durante la semana, no tienes ninguna autoridad para hacer que tus empleados trabajen en sábado. Y eso es porque Dios también les dio un día de descanso. Si eres empleado, o incluso un esclavo, por el resto de tus días, el sábado te recuerda que Dios te ha creado y redimido por igual, y Dios te invita a celebrar esto de una manera distinta a tus deberes habituales. Incluso los que no guardan el sábado, “tu extranjero que está dentro de tus puertas” (Éxo. 20:10), deberían beneficiarse del día de reposo.

Esta idea habría sido un cambio notable de perspectiva para los israelitas, que recién salían de su experiencia de esclavitud y marginación. Ahora que debían establecerse en una tierra nueva, Dios no quería que adoptaran los hábitos de sus ex opresores. Además de darles leyes detalladas para su sociedad, les dio (a ellos y a todos nosotros, en realidad) un poderosísimo recordatorio semanal de cuán iguales somos todos ante Dios.

¿Cómo puedes compartir el sábado en tu comunidad? Es decir, ¿cómo pueden beneficiarse los demás miembros de tu comunidad por el hecho de que tú guardes el sábado?

Miércoles 17 de julio:

Un día de sanidad

Si bien la concepción original para el sábado y la observancia del sábado era amplia e inclusiva, el sábado había llegado a ser algo muy diferente para muchos de los dirigentes religiosos cuando Jesús vino a la Tierra. En lugar de un día de libertad e igualdad, el sábado se había convertido en un día de reglas y restricciones humanas y tradicionales. En aquellos días, Jesús se alzó contra esas actitudes, especialmente cuando les eran impuestas a los demás.

Es muy interesante que haya hecho esto, sobre todo al sanar varias veces en el día de reposo. Parece que Jesús realizó intencionalmente estos milagros en sábado, en vez de cualquier otro día, para demostrar algo importante acerca de lo que debería ser el sábado. A menudo, en estas historias, Jesús hizo comentarios acerca de la conveniencia de sanar en el día de reposo, y con frecuencia los fariseos utilizaron sus declaraciones como excusa para promover sus planes para que Jesús fuera asesinado.

Lee las historias de Jesús sanando en sábado en Mateo 12:9 al 13; Marcos 1:21 al 26; 3:1 al 6; y Juan 9:1 al 16. ¿Qué es lo más significativo que observas en estas historias?

Jesús confirmó que el sábado es importante. Necesitamos demarcar las horas del día de reposo para que sea especial y permitir que este tiempo semanal sea una oportunidad para hacer crecer nuestra relación con Dios, nuestra familia, nuestra iglesia y nuestra comunidad. Pero la observancia del sábado no debe ser egoísta solo para nosotros. Como dijo Jesús, “es lícito hacer el bien en los días de reposo” (Mat. 12:12).

Muchos miembros de iglesia hacen un muy buen trabajo atendiendo a los demás. Pero muchos de nosotros también sentimos que debemos hacer más para ayudar. Sabemos que a Dios le importan los que sufren, los oprimidos u olvidados, por quienes también debemos preocuparnos. Como se nos ordena que el sábado no sigamos con nuestro trabajo regular y que nos liberemos de las presiones de la semana, tenemos tiempo para enfocarnos en atender a los demás como una de las formas de guardar el sábado en forma auténtica y activa: “De acuerdo con el cuarto mandamiento, el sábado fue dedicado al descanso y el culto religioso. Todo asunto secular debía ser suspendido, pero las obras de misericordia y benevolencia estaban en armonía con el propósito del Señor. […] Aliviar a los afligidos y consolar a los tristes es un trabajo de amor que realmente honra el santo día de Dios” (MB 81).

¿Qué haces por el bien de los demás en sábado?

Jueves 18 de julio:

Descanso sabático para la tierra

Como hemos visto, el sábado estaba muy arraigado en el ciclo de vida de la nación israelita. Pero el principio del sábado no solo era un día a la semana. También incluía un descanso especial cada séptimo año, que culminaba en el año de jubileo después de siete series de siete años, es decir, cada 50 años.

Lee Levítico 25:1 al 7. ¿Qué se destaca en esta clase de instrucción? ¿De qué manera podrías incorporar este tipo de principios en tu vida y tu trabajo?

El año sabático permitía que las tierras agrícolas quedaran en barbecho durante todo el año. Es un acto notable de mayordomía de la tierra, y la sabiduría de esto como una práctica agrícola ha sido ampliamente reconocida.

El séptimo año también era importante para los esclavos (ver Éxo. 21:1-11). En el caso de que alguno de los israelitas se endeudara tanto como para venderse como esclavo, sería liberado el séptimo año. Asimismo, las deudas pendientes debían cancelarse al final del séptimo año (ver Deut. 15:1-11).

Al igual que el maná que Dios proporcionó a los israelitas en el desierto, no sembrar cultivos por un año era un acto de confianza en que Dios proporcionaría suficiente el año anterior y en que vivirían de lo que el terreno produciría por sí solo en el año sabático. Además, liberar esclavos y cancelar deudas era un acto de misericordia, pero también un acto de confianza en el poder de Dios para satisfacer sus necesidades. En cierto sentido, el pueblo necesitaba aprender que no tenía que oprimir a los demás para poder mantenerse.

El modelo y los principios sabáticos debían estar estrechamente ligados a la estructura de la sociedad israelita en general. Igualmente, la observancia contemporánea del sábado debe ser una disciplina espiritual que transforme todos los demás días. En un sentido práctico, el sábado es una forma de vivir las instrucciones de Jesús de buscar primeramente su Reino: “Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades. Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten” (Mat. 6:3233, NTV).

¿Qué diferencia debería marcar la observancia del sábado con los otros seis días de su semana? Al fin y al cabo, si eres codicioso, egoísta e indiferente de domingo a viernes, ¿qué importa realmente si no eres ninguna de estas cosas en sábado? (O dicho de otro modo: ¿realmente puedes no ser esas cosas en sábado si eres así el resto de la semana?)

Viernes 19 de julio

Para Estudiar y Meditar:

Lee “Del Mar Rojo al Sinaí”, en Patriarcas y profetas, pp. 300-304; y “El sábado”, en El Deseado de todas las gentes, pp. 248-255.

“Jesús les declaró que la obra de aliviar a los afligidos estaba en armonía con la Ley del sábado, y en armonía con la obra de los ángeles de Dios, que siempre están descendiendo y ascendiendo entre el cielo y la tierra para servir a la humanidad doliente. […]

“Y el hombre también tiene una obra que cumplir en sábado: atender las necesidades de la vida, cuidar a los enfermos, proveer a los menesterosos. No será tenido por inocente quien descuide el alivio del sufrimiento en sábado. El santo día de reposo de Dios fue hecho para el hombre, y las obras de misericordia están en perfecta armonía con su propósito. Dios no desea que sus criaturas sufran una hora de dolor que pueda ser aliviada en sábado o cualquier otro día” (DTG 176, 177).

Preguntas para Dialogar:

  1. ¿De qué manera vives el sábado como una demostración de tu confianza en Dios? ¿Has tenido una experiencia similar a la del maná en tu vida, donde Dios te proveyó en respuesta a tu confianza en él? Si es así, compártelo con la clase y cuéntale lo que has aprendido.
  2. Como hemos visto en el cuarto mandamiento que se encuentra en Éxodo 20:8 al 11 y Deuteronomio 5:12 al 15, Dios enfatizó diferentes aspectos del sábado. ¿Cuál es el aspecto del sábado que más aprecias?
  3. En clase o individualmente, aporten ideas sobre las maneras en que se pueden compartir las bendiciones y los beneficios del sábado en tu comunidad.
  4. ¿Cuáles son algunas de las formas en que el sábado te cambia la vida? ¿Hay otros aspectos de tu vida en los que los modelos y principios sabáticos deberían tener mayor impacto?

Resumen: Dios dio el sábado como una forma de recordar la creación y la redención, pero este también tiene muchos beneficios prácticos. Nos enseña a confiar en la provisión de Dios para nosotros; nos enseña a practicar la igualdad; y puede convertirse en una disciplina espiritual que puede transformar todas nuestras relaciones. Jesús demostró su ideal para el sábado sanando a los enfermos y exaltando el sábado como un día para beneficiar a los necesitados.

“Modelo para un mundo mejor”

 

Lección 2:  – Para el 13 de julio de 2019

Sábado 6 de julio

Lee Para el Estudio de esta Semana: Éxodo 3:7Mateo 22:37-40Éxodo 22:21-23Deuteronomio 14:22-2926:1-11Levítico 25:9-23.

Para Memorizar: “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová” (Lev. 19:18).

En su misericordia, Dios siempre ha tenido personas con quienes ha mantenido una relación especial. En las historias de Enoc, Noé, Abraham, Isaac y Jacob, entre otros, vemos que Dios anhelaba reconstruir la relación dañada con los seres humanos. Pero no era solo para beneficio de estas pocas personas y sus familias. El hecho de conectarse con Dios y de recibir su bendición era parte de un plan más amplio para restaurar esa relación y compartir la bendición con los demás. Como Dios le dijo a Abraham: “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Gén. 12:23). Así como él fue bendecido, podría ser una bendición para los demás.

Esta bendición vendría a través de la nación de Israel y, en última instancia, del Mesías, que vendría de esa nación. Con la creación del pueblo de Israel, Dios ahora estaba trabajando con toda una nación. Por lo tanto, se dispuso a darles leyes, normas, fiestas y prácticas que serían un estilo de vida para que, quienes recibían las bendiciones de Dios, también pudieran bendecir a los demás.

Sin duda este principio todavía existe hoy.

Domingo 7 de julio:

El Dios que oye

“Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto. Los he escuchado quejarse de sus capataces, y conozco bien sus penurias” (Éxo. 3:7, NVI).

Cuatrocientos años es mucho tiempo de espera, especialmente cuando se espera en condiciones de esclavitud cada vez más penosas. Dios había prometido que volvería a su pueblo y los sacaría de Egipto, pero generación tras generación tuvieron que quedarse a amasar la riqueza y el prestigio de sus opresores idólatras, y todo el tiempo Dios pareció guardar silencio.

Entonces, Dios se manifestó de una manera única. Se le apareció en una zarza ardiente en el remoto desierto a un líder improbable, un príncipe fugitivo y un pastor humilde llamado Moisés. Al reacio Moisés le dio una obra que hacer, y la primera parte de esa obra era volver a los israelitas de Egipto con el mensaje de que Dios había escuchado y visto su opresión, y que se preocupaba por ellos. De hecho, estaba a punto de hacer algo para cambiar dramáticamente su situación.

Lee Éxodo 3:16 y 17. ¿Por qué era importante para Dios comenzar a describirle su plan a este pueblo con este mensaje específico? ¿Qué te llama la atención acerca de esta declaración de Dios?

Pero Dios no se detiene allí. Tiene un plan para un país mejor, pero además no tiene intenciones de que el pueblo huya de Egipto en la miseria. Durante cientos de años habían contribuido a la riqueza del Imperio Egipcio. Dios previó la resistencia inicial de Faraón, pero le aseguró a Moisés que los israelitas serían compensados por sus años de trabajos forzados: “Yo haré que este pueblo se gane la simpatía de los egipcios, de modo que cuando ustedes salgan de Egipto no se vayan con las manos vacías” (Éxo. 3:21, NVI).

Después de sus años de opresión, Dios aprovechó la oportunidad para establecer un nuevo tipo de sociedad con estos ex esclavos. Quería que vivieran de una manera diferente y que establecieran una sociedad que siguiera siendo sustentable y viable. Su plan era que este nuevo tipo de sociedad fuese un modelo para las naciones circundantes y, al igual que Abraham, que las bendiciones que recibieran de Dios también fueran bendiciones al mundo entero.

¿Cuán importante es para ti que Dios sea un Dios que ve el sufrimiento de la gente en el mundo y oye su clamor pidiendo ayuda? ¿Qué te dice esto acerca de Dios? Analiza Éxodo 4:31.

Lunes 8 de julio:

Los diez mandamientos

Lee Mateo 22:37 al 40; luego Éxodo 20:1 al 17. El resumen que hace Jesús de los mandamientos, ¿en qué medida te ayuda a entender lo que lees en cada uno de los Diez Mandamientos?

Los Diez Mandamientos se leen como una constitución. Después de un breve preámbulo que establece la base sobre la que se hacen estas declaraciones (en este caso, el hecho de que Dios haya liberado a su pueblo) el documento enumera los principios fundamentales sobre los que se establece la nación. En este caso, había órdenes específicas sobre cómo los seres humanos podrían poner en práctica su amor por Dios y por los demás. No es extraño que muchas naciones con una herencia cristiana hayan extraído la base de sus leyes de estos principios rectores.

Si bien muchas de estas declaraciones son breves, no debemos subestimar el alcance de su impacto y la amplitud de los Diez Mandamientos como la ley de la vida. Por ejemplo, el sexto mandamiento: “No matarás” (Éxo. 20:13), resume e incluye “todo acto de injusticia que contribuya a abreviar la vida”, así como “todo descuido egoísta que nos impida cuidar de los necesitados y sufrientes” (PP 316). Asimismo, la prohibición de robar (ver Éxo. 20:15) condena “el tráfico de esclavos, y prohíbe las guerras de conquista”. “Requiere el pago de las deudas y de salarios justos”, y prohíbe “toda tentativa de sacar provecho de la ignorancia, debilidad o desgracia de los demás” (PP 317).

Es fácil convencernos de que no somos malas personas. Por ejemplo, si no estamos directamente involucrados en un asesinato o un robo evidente, podría parecer que vamos bien. Pero cuando Jesús habló sobre los mandamientos, dejó en claro que los mandamientos no se cumplen simplemente evitando hacer algunos actos específicos, sino también con nuestros pensamientos, motivaciones e incluso, al no hacer cosas que sabemos que debemos hacer, transgredimos la Ley de Dios (ver Mat. 5:21-30).

Imagínate una sociedad en la que cada uno de los Diez Mandamientos se tomara en serio y se viviera plenamente. Sería una sociedad activa y vibrante en la que todos obrarían con entusiasmo, amando y cuidando a los demás por amor a Dios.

¿Por qué tendemos a leer los Diez Mandamientos en sentido estricto, ignorando muchas veces las aplicaciones más amplias de estos importantes principios en nuestra vida? ¿Por qué en la práctica es más fácil seguir la lectura más restringida?

Martes 9 de julio:

Esclavos, viudas, huérfanos, extranjeros

Lee Éxodo 23:9. ¿Cuál es el mensaje de Dios a Israel aquí?

Como esclavos recién liberados, los israelitas sabían lo que era ser oprimidos, explotados y marginados. Y mientras celebraban su libertad, a Dios le preocupaba que no olvidaran de dónde venían, lo que era ser excluidos y lo que había hecho él para rescatarlos. Instituyó la Pascua como un acontecimiento conmemorativo y una oportunidad para volver a contar la historia: “El Señor, desplegando su poder, nos sacó de Egipto, país donde fuimos esclavos” (Éxo. 13:14, NVI).

Lee Éxodo 22:21 al 23. ¿Cuán importante era que el pueblo recordara su propia esclavitud en las instrucciones de cómo debían tratar a los menos afortunados en su nueva sociedad?

Apenas habían comenzado a apagarse los ecos después de dar los Diez Mandamientos cuando Moisés es llamado a pasar más tiempo con Dios, quien le da instrucciones detalladas sobre cómo poner en práctica estos mandamientos en la sociedad israelita. Incluso antes de las instrucciones para construir el tabernáculo, Dios da tres capítulos de leyes sobre el trato apropiado con los esclavos; leyes que contrastaban señaladamente con el trato que muchos de los israelitas habían experimentado. Había leyes relacionadas con delitos violentos, leyes relacionadas con la propiedad, leyes para la vida cotidiana y principios para establecer tribunales que implementaran estas leyes y administraran justicia (ver Éxo. 21-23).

Entre estas leyes se destacaba la preocupación por los conciudadanos de esta nueva sociedad, así como la preocupación por los forasteros y los más vulnerables. No se debía explotar a esta gente. Incluso se les otorgó el derecho de acceder a los alimentos de manera que se respetara su dignidad, como recoger los cultivos sobrantes de los campos cosechados. Ese trato para los “forasteros” y los extranjeros no era común en la antigüedad. Incluso actualmente, algunos parecen olvidar estos importantes principios morales con respecto al trato con los demás.

¿Qué experiencia te recuerda ser más compasivo y preocuparte por el sufrimiento o la injusticia de los demás?

Miércoles 10 de julio:

El segundo diezmo

Muchos cristianos reconocen y siguen las instrucciones de la Biblia con respecto al pago (o devolución) del diezmo. Por lo general, se hace referencia a Malaquías 3:10: es una fórmula simple en la que los creyentes dan el diez por ciento de sus ingresos, para apoyar la obra de la iglesia en la difusión del evangelio. Al confiársele estos diezmos, las iglesias generalmente tienen pautas estrictas sobre el uso de estos fondos, fundamentalmente para emplearlos para sostener el pastorado directo y la evangelización.

Lee Deuteronomio 14:22 al 29. En estas instrucciones, ¿cuál es el propósito principal del diezmo?

La tentación es pensar que hemos cumplido con nuestros aportes cuando damos ese diez por ciento. Pero las instrucciones dadas a los israelitas sugieren que la cifra del diez por ciento era un punto de partida. Los estudios sugieren que un israelita en la antigüedad, según las pautas de las leyes levíticas, normalmente ofrendaba entre un cuarto y un tercio de los ingresos anuales a la obra de Dios, para sostener a los sacerdotes y el Santuario, y para ayudar a los pobres.

Algunos eruditos describen esta ofrenda (especialmente para sostener a los extranjeros, los huérfanos y las viudas) como un segundo diezmo. Es obvio que el pueblo debía disfrutar de los resultados de su trabajo y celebrar sus cosechas. Dios prometió bendecirlos, especialmente en su nueva tierra, pero no debían dar por sentada esa bendición ni olvidar a quienes no eran tan dichosos.

En los años normales, esta parte de la cosecha debía llevarse al Santuario y desde allí se compartía. Pero cada tres años debía hacerse hincapié en compartir las bendiciones con su comunidad. En estas celebraciones de la cosecha, se prestaba especial atención a quienes fácilmente podrían haber sido pasados por alto u olvidados: “Darás también al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda; y comerán en tus aldeas, y se saciarán” (Deut. 26:12).

Según las instrucciones de Dios, al menos una parte de las ofrendas de los israelitas debía focalizarse en brindar ayuda financiera y práctica a quienes más la necesitaban. Nuevamente, esto se basaba en la memoria del pueblo y en el reconocimiento de cómo Dios había sido misericordioso y justo con ellos.

Lee Deuteronomio 26:1 al 11. ¿Qué les está diciendo el Señor? ¿Cómo deberíamos aplicar esto a nuestra forma de dar a los necesitados?

Jueves 11 de julio:

El año del jubileo

Al saber que los israelitas eran un pueblo que no tenía hogar propio y que esperaba su llegada a la Tierra Prometida, Dios conocía la importancia que la tierra asumiría cuando establecieran su nueva sociedad en Canaán. Bajo el liderazgo de Josué, Dios supervisó una distribución ordenada de la tierra por tribus y grupos familiares.

Pero también sabía que con el tiempo la riqueza, las oportunidades y los recursos relacionados con la tenencia de la tierra tenderían a concentrarse en manos de unos pocos. Las dificultades familiares, la mala salud, las malas decisiones y otras desgracias podían hacer que algunos terratenientes vendieran sus tierras para obtener ganancias a corto plazo o simplemente para sobrevivir, pero esto significaría que la familia podría quedar despojada en generaciones sucesivas.

La solución de Dios fue decretar que la tierra nunca podría venderse de manera absoluta, sino que se vendería solo hasta el siguiente “año del jubileo”, momento en el que la tierra volvería a la familia asignada, y cualquier tierra vendida podría ser redimida por el vendedor u otro miembro de la familia del vendedor en cualquier momento. Una vez más, Dios le recuerda al pueblo su relación con él y cómo eso afecta sus relaciones con los demás: “La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra mía es; pues vosotros forasteros y extranjeros sois para conmigo” (Lev. 25:23).

Lee Levítico 25:8 al 23. ¿En qué medida imaginas que la sociedad sería diferente si se aplicaran estos principios, especialmente las palabras: “No se explotarán los unos a los otros” (vers. 17, NVI)?

“Las regulaciones que Dios estableció tenían por objeto promover la igualdad social. Las provisiones del año sabático y del jubileo habrían de corregir, en gran medida, lo que en el intervalo se hubiese desquiciado en la economía social y en las políticas de la nación” (PP 575).

Los historiadores bíblicos no están seguros de si estos ritmos económicos y sociales fueron totalmente acatados durante un período considerable (ver 2 Crón. 36:21). Con todo, estas regulaciones ofrecen una vislumbre interesante de cómo podría funcionar el mundo si se siguieran las leyes de Dios. Además, resaltan la preocupación particular de Dios por los pobres y los marginados, así como su preocupación de que la justicia se manifieste de manera práctica en nuestro mundo.

Viernes 12 de julio

Para Estudiar y Meditar:

Lee “La ley dada a Israel” y “Dios cuida de los pobres”, en Patriarcas y profetas, pp. 310-324; 570-577.

“Después del reconocimiento de los requerimientos divinos, nada hay que distinga tanto a las leyes dadas por Moisés como el espíritu generoso, tierno y hospitalario manifestado hacia los pobres. Aunque Dios había prometido bendecir grandemente a su pueblo, no se proponía que la pobreza fuese totalmente desconocida entre ellos. Declaró que los pobres no dejarían de existir en la tierra. Siempre habría entre su pueblo quienes le darían oportunidad de ejercer la simpatía, la ternura y la benevolencia. En aquel entonces, como ahora, las personas estaban expuestas al infortunio, la enfermedad y la pérdida de sus propiedades; pero mientras se siguieran estrictamente las instrucciones dadas por Dios, no habría mendigos en Israel ni quien sufriera por falta de alimentos” (PP 570, 571).

“Estas regulaciones tenían por objeto bendecir a los ricos tanto como a los pobres. Habrían de refrenar la avaricia y la inclinación a la autoexaltación, y habrían de cultivar un noble espíritu de benevolencia; y al fomentar la buena voluntad y la confianza entre todas las clases, habrían de favorecer el orden social y la estabilidad del gobierno. Todos nosotros estamos entretejidos en la gran tela de la humanidad, y todo cuanto hagamos para beneficiar y ayudar a nuestros semejantes nos beneficiará también a nosotros mismos” (PP 575).

Preguntas para Dialogar:

  1. Del modelo que Dios le dio a Moisés y a los israelitas para el tipo de sociedad que debían establecer, ¿qué característica, ley o reglamento, te llama más la atención (de lo mencionado específicamente en el estudio de esta semana o en tu lectura más amplia)?
  2. En las leyes que le dio a su pueblo, ¿por qué crees que Dios parece estar tan enfocado en los más vulnerables?
  3. ¿Cómo deberíamos entender estas leyes en la actualidad y relacionarnos con ellas? ¿Cómo decidir cuáles son aplicables y relevantes para nosotros hoy? ¿Qué es lo más importante que podemos aprender de estas instrucciones detalladas sobre cómo los israelitas debían ordenar su sociedad y su vida?

RESUMEN: Dios escuchó el clamor del pueblo de Israel que sufría en Egipto e intervino para rescatarlo. Trató de construir una relación de pacto especial con ellos y trabajar con ellos para establecer una nueva sociedad que fuese una bendición para todos, incluso para quienes a menudo son olvidados, marginados y vulnerables.